Ciencia Hoy y la teleinformática académica ante un nuevo desafío

emaminiatura1.jpgComo muchos de nuestros lectores seguramente saben, además de publicar esta revista, la Asociación Civil Ciencia Hoy, una entidad sin fines de lucro, opera la red teleinformática académica RETINA. Esta nació en 1990, el año de la privatización de ENTEL, el monopolio estatal de telecomunicaciones reemplazado, por un tiempo, hasta que se comenzó a avanzar hacia un régimen de competencia, por cuatro monopolios privados regulados: Telecom y Telefónica para telefonía urbana (una en el norte y la otra en el sur del país), Startel para telefonía interna de larga distancia y Telintar para las comunicaciones internacionales. La transmisión de datos en el ámbito interno (pero no en el internacional) quedó excluida de los monopolios desde el inicio.

(via: Revista Ciencia Hoy http://www.cienciahoy.org.ar/ln/hoy77/editorial.htm)

En ese contexto, como se explicó en un editorial anterior (‘La Argentina y la inminente revolución en las comunicaciones científicas’, Ciencia Hoy, 61: 9-10, 2001), RETINA empezó ofreciendo al mundo universitario y de la investigación los servicios de comunicación electrónica disponibles en ese temprano momento de la Internet (e-mail, telnet, ftp), que anunciaban una revolución de las comunicaciones científicas.

Además de pagar una mensualidad para cubrir los costos de mantener en operación el servidor de la red (que inicialmente, en realidad, fueron dos, ubicados respectivamente en sendos centros regionales del CONICET, el CERIDE y el CRIBABB), los usuarios tenían que hacerse cargo de las comunicaciones, realizadas mediante de la conexión a la llamada red ARPAC. El servicio brindado por RETINA, exclusivo para el medio académico, resultaba de todos modos más barato y conveniente que cualquier alternativa comercial, pero si bien brindaba razonables vínculos entre los principales centros del país, carecía de buena conexión con el extranjero, dado que los primeros se podían contratar en un mercado competitivo y, por ende, resultaban accesibles, pero para la segunda se debía pasar por la empresa monopólica correspondiente (Telintar), lo que la hacía prohibitiva pues era facturada por tiempo de uso a la tarifa de las llamadas telefónicas internacionales.

Por esta razón, desde su inicio RETINA procuró obtener acceso a la transmisión internacional de datos a tarifa plana, es decir, a un precio fijo mensual independiente del uso, sistema vigente en otros países para grandes usuarios y para el mundo académico. La falta de respuesta de la mencionada compañía permitió, de conformidad con las normas vigentes, recurrir al organismo regulador (la entonces Comisión Nacional de Telecomunicaciones, CNT, hoy Comisión Nacional de Comunicaciones, CNC) con el pedido de autorización de contratar el enlace con otro proveedor, el que fue concedido luego de dos años de trámites. Esos dos años produjeron un retraso sensible en la evolución de Internet en la Argentina, por comparación con países como Brasil y Chile.
El año 1994 marcó, así, un momento de cambio. La autorización concedida por la CNT a RETINA de establecer o adquirir un enlace internacional propio permitió que esta lograra una caída significativa del precio de las telecomunicaciones, que no tardó en extenderse. Un vínculo de 64kbps, que para una universidad costaba 46.000 dólares por mes en marzo de ese año, pasó a ser ofrecido al medio académico por 6000 dólares mensuales en junio. RETINA, además, actuó en cierta manera como patrón de medida de la calidad del servicio, pues, por ejemplo, disponía de enlaces que no se saturaban y conectaba clientes de distintos servidores locales, que antes solo podían hacerlo por los EEUU. Otro avance fue lograr para el usuario académico el acceso al prefijo telefónico de transmisión de datos de tarifa reducida (0610), obtenido con cierto esfuerzo dado que cabía realizar más de una interpretación a la norma que definía a quienes les asistía ese derecho.

En 1994, también, se puso en marcha en el ámbito del ministerio de Educación, financiada con un préstamo del Banco Mundial, la Red de Interconexión Universitaria (RIU), para vincular entre sí y con el extranjero a las universidades nacionales, algo que no se logró completar sino en 2000, pero con una capacidad de tráfico más bien modesta para todos y muy insuficiente para las casas de estudios más importantes. En mayo de 2000, por pedido del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), RETINA se hizo cargo de la administración técnica de la RIU y realizó un cambio de la topología de la red para permitir el acceso a esta de todas las universidades mediante servicios de comunicación provistos por una de las empresas mayores de telecomunicaciones. Al mismo tiempo, RETINA se constituyó en el miembro argentino de varios foros internacionales, tanto latinoamericanos (ENRED, LACNIC, etc.) como de otras regiones (ISOC, INET, AMPATH, CLARA, ALICE, etc.). De su operación de la red propia y de la RIU resultó una experiencia que pronto alcanzó el sector comercial, algo semejante a lo que aconteció en otros países, como los EEUU o México, en los que las redes académicas fueron el lugar de experimentación de sistemas que luego se hicieron de uso común.

En la segunda mitad de la década 1990 llegó a la región, particularmente a Chile y al Brasil, el concepto de las redes académicas avanzadas, que son esencialmente vínculos de telecomunicación de mayor capacidad, que permiten realizar operaciones sobre la red que no pueden hacerse con la Internet tradicional. Están destinadas a actividades “extremo-a-extremo” (end-to-end) con tasas de intercambio entre “cliente” y “servidor” muy similares, y con un manejo de los datos transmitidos diferente al de la Internet tradicional. Así es que, con estas redes, es posible realizar el manejo remoto de instrumental científico (por ejemplo, grandes microscopios electrónicos), videoconferencias y su consecuencia directa: educación masiva a distancia, el acceso remoto a bibliotecas digitales de texto e imagen, y el procesamiento simultáneo en muchos lugares de grandes volúmenes de datos, del tipo de los que generan los modernos registros meteorológicos, los estudios genómicos o los grandes proyectos de física experimental (Pierre Auger, el acelerador del CERN). Estas redes han pasado a conocerse con el nombre genérico de “Internet2”, aunque éste, estrictamente, corresponde a la marca registrada por el consorcio universitario que las opera en los EEUU, el University Consortium for Advanced Internet Development (UCAID).

Dadas las características geográficas y demográficas de la Argentina, las prestaciones (técnicamente, las aplicaciones) permitidas por las redes académicas avanzadas resultan una solución muy conveniente para problemas reales de la educación y la investigación. RETINA, que veía cumplida su misión de propulsora inicial de las telecomunicaciones académicas, entendió que con las redes avanzadas se le abría un nuevo y aún más importante campo y resolvió asumir el desafío de entrar en él. Así, en 2001 nació RETINA2, para implantar una red de ese tipo a la que se pudiese integrar la mayor cantidad de instituciones académicas o de investigación. El uso de esa clase de redes se está difundiendo notablemente en el mundo avanzado y ya es una necesidad en la Argentina. Que puedan estar a disposición de quienes las necesitan depende de que se logre generar un marco colectivo para su operación y financiación, ya que el precio de los canales de comunicación, esencialmente cables de fibra óptica, solo resulta accesible si se distribuye entre un número importante de usuarios.

Hasta el momento RETINA2 se dedicó a crear ciertas condiciones técnicas e institucionales necesarias para que pueda operar en el país una red académica electrónica avanzada. En primer lugar obtuvo acceso a la UCAID, la red equivalente de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, acordó con la Florida International University su incorporación al proyecto AmPath, que le dio acceso a la conexión de fibra óptica tendida por la empresa Global Crossing, que enlaza dicho país con los de Sudamérica. Luego pasó a constituir, junto con otros dieciocho países iberoamericanos, la Cooperación Latinoamericana de Redes Avanzadas (CLARA), para promover la interconexión de esos países entre ellos y con las redes similares de Europa y del resto del mundo. También instaló servidores con la capacidad necesaria para atender un servicio de este tipo y comenzó a brindarlo a título experimental a un cierto número de instituciones especialmente interesadas en recibirlo, como las facultades de Agronomía, Arquitectura y Diseño, Ciencias Exactas y Naturales, y Medicina de la UBA, la Universidad Tecnológica Nacional, PLAPIQUI (Planta Piloto de Ingeniería Química, de la UNS y el CONICET), la Universidad Nacional de La Plata, el Servicio Meteorológico Nacional y otras. Pudo realizar todas estas actividades merced a un importante subsidio de la fundación Antorchas, que ya había apoyado la etapa inicial de Retina diez años antes.

La fase experimental mostró que el sistema está en condiciones de funcionar bien. El que pueda efectivamente hacerlo depende esencialmente ahora de que se incorporen suficientes interesados y de que ellos puedan hacer frente a los costos. Como sucedió con la Internet original, esos costos, que al principio implican un gasto adicional para las instituciones, terminan creando unos ahorros que los compensan, porque se dejan de lado las maneras tradicionales de hacer ciertas cosas y se las reemplaza por otras más eficientes.
La forma de financiar el acceso de las instituciones a Internet2, sin embargo, está abierto a discusión y merece analizarse con cuidado, ya que no se la puede tratar como un servicio comercial más, pero al mismo tiempo es necesario cubrir su costo. Al respecto, es interesante citar la conclusión a que arribó SERENATE, un grupo de estudios creado para examinar la evolución de las redes académicas europeas:

SERENATE recognises that there is no such a thing as a ‘free lunch’ –networks do cost money. Currently, in most European publicly funded research institutions there is no charging for networking resources at the point of use, i.e. by the researcher or the research group. Not perhaps surprisingly, a large majority of research end-users (91%) do not wish to see any change from this approach. There is a strong reluctance to charging for standard use at the point of delivery –basic research networking should be regarded as a public good. However, some (9%) feel that some form of charging might be acceptable, and possibly desirable. This is usually argued as appropriate where there is heavy use or special needs. For many disciplines the network will become part of the computing resources. The view of SERENATE is, therefore, that any move in the direction of explicit charging for heavy or special use must be treated with great care, even though end users should be made aware of the cost of the service being provided. However, up-front charging if introduced too soon can stifle progress and advanced applications. Any financial contribution expected because of advanced use of the network should not be considered until both the financial and technical issues are well-understood and stable.1

El desafío, pues, en primer lugar para RETINA pero en última instancia para toda la comunidad académica, es encontrar las fórmulas institucionales y financieras que permitan el desarrollo pleno de Internet2 y de sus aplicaciones. Los organismos oficiales de promoción de la investigación, por su lado, están tomando conciencia de que el país puede quedar al margen de la actividad científica y tecnológica internacional si no facilita ese desarrollo. Las condiciones están dadas. No hay que desperdiciar la oportunidad.

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