Del Averiguador a la Malla Mundial

La cultura en la comunidad virtual del español

José Antonio Millán
Véase también, sobre el tema de español e Internet: “El espléndido futuro del español y cómo pagaremos por él” En el año 1868 apareció en Madrid la revista El Averiguador, que más tarde pasaría a llamarse El Averiguador Universal. Su publicación sufrió varias interrupciones y tras los respectivos eclipses reapareció en los años 1871, 1876 y 1879 (tuvo también una tardía Quinta época en 1954). Su director durante mucho tiempo fue el presbítero José María Sbarbi. ¿Qué era el Averiguador? Sencillamente, una recopilación de correspondencia entre “curiosos, literatos, anticuarios, etc., etc.”, junto con una “revista […] de documentos y noticias interesantes”. Obsérvese de entrada lo amplio del universo de la publicación, representada en el doble “etc.” de los destinatarios y en el vago concepto de “interesante”, como única identificación de los contenidos. Pero precisamente esta era su virtud: ser un punto de encuentro entre gente con intereses muy diversos. (Para una pequeña historia del Averiguador véase Millán, 1981).
La mecánica de la publicación era muy simple: los lectores enviaban a la redacción cartas con dudas, consultas o noticias, que aparecían en la revista (quincenal o mensual, según la época). Otros lectores, o la misma Redacción, contestaban a las demandas, y esas respuestas eran también publicadas en números sucesivos.

La Redacción del Averiguador tenía voz propia, tanto para preguntar como para contestar. Además, ejercía de “filtro” de las aportaciones. Las normas de la publicación excluían las cuestiones de “dogma religioso o política vigente”. No era raro el uso de alias entre los contribuyentes (“Un curioso”, Un goloso”…), o de simples iniciales de los nombres. Las preguntas iban numeradas correlativamente y se publicaban dotadas de un encabezamiento que describía su tema. Había de cinco a diez por número. Las respuestas en número similar hacían referencia al mismo encabezamiento y al tomo y página en el que había aparecido el mensaje al que aludían. Al cierre de cada año (por lo menos en la Cuarta época) se publicaba también un índice que permitía saber qué temas se habían ido tratando. En muy raras ocasiones, un mensaje podía llevar un grabado adjunto: por ejemplo el de una inscripción cuya interpretación ofreciera dudas (hay que pensar en los costosos procedimientos de reproducción de la época, que exigían grabar una plancha para cada ilustración), y muchas veces encerraban citas textuales de otras obras. Entre los variados temas que tocaba la publicación solían aparecer unas “Noticias filatélicas y postales de España”, debidas a la pluma del Dr. Thebussem. En ésta y otras colaboraciones se estudiaba el origen del correo, su organización, tratados internacionales, cuestiones filatélicas, etc. Se recogía también la bibliografía sobre el correo, citas de otras publicaciones dedicadas al tema (como la madrileña Revista de correos), etc. También abundaban los estudios sobre tipografía y escritura. Revistas similares fueron muy frecuentes en la época. Baste recordar las Notes and Queries de Londres, L’Intermèdiaire des chercheurs et curieux de París, el Historical Magazine de Boston o el Navorscher de Amsterdam. Para su existencia y florecimiento fueron necesarios varios requisitos. Por supuesto, y en primer lugar, la imprenta. A continuación el servicio de Correos, que permitía que llegaran las cartas de los consultantes y respondientes, y que permitía que la distribución se realizara mediante el sistema de suscripción (hasta donde sé, no se vendían ejemplares sueltos). Por último, la existencia de una comunidad de personas con los mismos intereses y que compartían la misma lengua.Un siglo y cuarto más tarde podemos reconocer en la cultura de las redes muchos de los elementos que hemos encontrado en el análisis del Averiguador. Su comparación nos permitirá extraer algunas conclusiones sobre los medios de que se dota la curiosidad intelectual para encontrar los medios de realizarse. Como suele decirse, la Internet constituye un espacio virtual. Esta expresión significa, simplemente que es el sitio donde “están” una serie de cosas, y a través del cual “circulan” otras, y se considera virtual porque está a la misma distancia de “cualquiera” (es decir, de cualquier urbanita del mundo desarrollado). Hay otros espacios virtuales en nuestro entorno, y algunos muy extendidos, como el telefónico.
En la Internet hay muchos elementos, que sirven a muchos fines, pero uno de los más abundantes, y de mayor peso, son precisamente los descendientes de estos puntos de encuentro virtuales: el teléfono, la carta, la revista en colaboración (a lo Averiguador). Sus equivalentes son, respectivamente, el chat o programas de charla; el correo electrónico; los foros, grupos de noticias (news groups) y listas de distribución.
Los tres son medios básicamente escritos, textuales. Los programas de charla son síncronos (normalmente se habla y se responde en tiempo real). Los otros dos son asíncronos: el momento de creación de un mensaje no suele ser el de su recepción. ¿Al servicio de qué están estos medios? Como muchas otras cosas, depende. Los chats suelen ser ligeros, y tienen el tipo de contenidos que se podría esperar de una conversación. El correo electrónico puede servir, como es lógico, para cualquier contenido, pero el correo que se distribuye en el interior de un conjunto de personas unidas por un interés constituye una lista de distribución (si se dirige a un grupo más bien controlado) o un grupo de noticias (si es más abierto). De la importancia de este servicio da idea el hecho de que el conjunto de los grupos de noticias cuadruplica el material textual de la Malla Mundial (páginas web), según Dejanews.
Los foros son páginas de la Malla Mundial que contienen los mensajes iniciales, las respuestas y las respuestas a las respuestas, constituyendo hilos temáticos. Muchas veces contienen archivos que permiten localizar mensajes ya pasados (de función similar, por tanto, al índice anual del Averiguador). Para conocer el contenido de un foro (en el sentido restringido en que lo estamos usando), uno no accede a su correo electronico, sino a una página de la Web. Las listas, grupos y foros pueden albergar cualquier temática: desde la más trivial hasta la más avanzada, y de hecho lo hacen. Hay listas sobre “la tuna” y sobre “materialismo filosófico”, sin salir de las gestionadas desde España por RedIris (la red académica y de investigación financiada por el Plan Nacional de I+D y gestionada por el Centro de Comunicaciones CSIC). Entre los grupos de noticias los podemos encontrar sobre cocina, bonsais, sida o literatura medieval, y este hecho es una constante de los medios abiertos de intercambio desde el siglo pasado: en el Averiguador coexistían también la receta del “tocinillo de cielo” con información acerca de los mejores fabricantes de instrumentos musicales, o un “hilo” sobre la risa en Aristóteles. Algunas de las listas o foros son moderados, es decir: alguien filtra sus contenidos. Naturalmente, en tiempos del Averiguador no existía la posibilidad de que la carta de un lector se publicara “automáticamente”, como en la Internet, de modo que la única forma de publicación era la “moderada”. Si hoy hay foros en los que se afirma que no se permitirá “contenido ni politico ni sexual”, en la revista de Sbarbi se vetaba lo que afectara al “dogma religioso o política vigente” (lo sexual era, sencillamente, impensable).

A propósito: la relación de los medios avanzados con sus antepasados de papel a veces está explícita. Hay servicios de noticias electrónicos en inglés que han recuperado el nombre Notes & Queries de la publicación del siglo pasado.

Se ha reprochado, y no sin razón, al mundo relacionado con la Internet su excesivo solipsismo u “ombliguismo” (Sardar y Ravetz, 1996). Abundan en la Malla y en las listas documentos y debates sobre la Internet y cualquiera de sus elementos. Pero ya vimos también cómo en tiempos de Sbarbi el correo, la escritura y la tipografía ocupaban una parte no pequeña de los intereses de la revista. Podemos ver aquí la perversión de la preocupación intelectual por el propio medio, pero también el lógico interés por la historia, los constituyentes y el futuro del vehículo de comunicación. Además, en estos momentos, y como veremos pronto, esta preocupación y vigilancia pueden ser vitales.

¿Cuáles son las formas de expresión y de intercambio en el medio electrónico? La respuesta es simple: las mismas que en cualquier otro medio escrito. En el Primer congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas, marzo de 1997), un participante me formuló la siguiente observación, que cito porque me ha surgido en otros contextos: “El problema del correo electrónico es que obliga a un tipo de expresión limitado, poco reposado y pobre”. Evidentemente, eso depende de la voluntad de quien escribe. Uno es muy libre de iniciar un mensaje sin encabezamiento, yendo directamente al grano, o de comenzar “Espero que al recibo de la presente esté bien…” Sí que es cierto que en los albores de las listas de distribución hubo participantes que quisieron hacer del descuido y de la falta de relectura un carácter del nuevo medio (así se podía comprobar, por ejemplo, en la famosa lista Humanist, en sus tiempos de Brown University).

En la actividad del español en la Internet (que es tardía) no se encuentra semejante “sarampión”. Dado que, en general, la época actual no está para florituras, los mensajes y respuestas son simples y llanas, cosa que no ocurría en el siglo pasado, con un lenguaje ¾incluso epistolar¾ mucho más retorcido. Un par de ejemplos pueden mostrar fácilmente como ha cambiado el tono

408. R. Habiendo visto más de una vez escritas en esta Revista con dos rr palabras palabras que generalmente se escriben con una sola, tales como prorrumpir, virrey, etc., deseo saber si es errata, o si se ha escrito así con plena advertencia. R.P.T.

R. T.II, núm. 408, pág. 257. Para satisfacer al preguntante, creo que lo más expedito será manifestarle cuál es mi teoría acerca del uso de la r y la rr, así tocante a la escritura, como a la pronunciación. […] José María Sbarbi


El Averiguador Universal, T.II: 1880, págs. 257 y 280 respectivamente.

40. De: Celina Roig. Enviado: viernes, 17 de octubre de 1997 09:19:19. Asunto: Duda

Quisiera saber como se dice “free-lance” en español.Gracias

Respuestas:

47. De: Moderadora Foro del español de hoy y mañana Enviado: martes, 21 de octubre de 1997 13:41:21

Estimada Celina: Su pregunta es muy interesante y es objeto de polémica en algunos foros. Literalmente un ‘freelance’ es un trabajador ‘independiente’ […]


Centro Virtual Cervantes. “Foro del español de hoy y mañana”.

¿Qué comunicación están propiciando estos nuevos instrumentos, cuyas características, como hemos visto, se pueden remontar a hace muchas décadas? De entrada, y con independencia de la tecnología concreta sobre la que se basen, todos se aplican en el interior de una comunidad lingüística.

Hasta ahora la comunidad hispanohablante se ligaba mediante la imprenta y la distribución física de sus productos. Eso explica, por ejemplo, la nula presencia de hispanoamericanos en el Averiguador (sencillamente, el envío de la revista y la respuesta por correo hacían imposible un intercambio de base quincenal o mensual). Los medios actuales son mucho más inmediatos y ágiles. ¿Qué uso se está haciendo de ellos?

Según presenté hace un año (Millán, 1997), el 2% de los documentos de la Malla Mundial está en español (un estudio reciente de Digital, cuya metodología no consta, da el 1,7 por ciento). Esto no es quizás ni poco ni mucho: depende de cómo se use.

¿Cuántos usuarios de Internet hay en el mundo hispano? Scharrenberg (1997) extrapola, a través del número de servidores en países hispanohablantes, la cifra de cuatro millones.

Pero a estos hay que añadir otro grupo: según el Global Business Centre, el grupo de personas usuarios de Internet con mayor crecimiento en estos momentos es el de aquellos que no usan el inglés, y se conectan desde su casa. Según datos de diciembre de 1997, hay 36 millones de personas en esta circunstancia, y de ellos, más de 4.5 millones (el 13 %) acceden en español. Sería el segundo colectivo, tras el japonés, que le duplica, seguido de cerca por el grupo nórdico (danés, noruego, sueco). El francés y el alemán ocuparían un 9% cada uno.

Hasta el momento hablamos de usos generales. ¿Qué ocurre en ámbitos más especializados? Según el servicio Dejanews, que abarca todas las lenguas, en la actualidad habría 25.000 grupos de noticias que agrupan a “millones de personas”. España reúne 124 grupos en RedIris.

Respecto a las listas, la situación es la siguiente: según CataList hay 16.351 listas en la Internet que usan el programa ListServ (el más utilizado). Según RedIris en febrero del 98 en España hay unas 220 listas. En el mismo momento, la Red Científica Peruana administra 150 listas. De otros países hispanoamericanos habría unas 70 más. Respecto al número de suscriptores, en España hay 34.000, en la Red Científica Peruana, más de 50.000. En Uruguay, más de 8.000.

Existen, por otra parte, listas de distribución no coordinadas por Listserv, sino simples correos electrónicos colectivos, pero que no obstante pueden cumplir un papel muy importante. La suma total de estos servicios (grupos, listas, y distintos servicios) puede ser muy extenso: Liszt permite buscar en el interior de casi 85.000.

Igualmente, es difícil controlar los foros sobre página web (que están al margen de los sistemas de gestión unificados), pero su número es creciente. Hay que tener en cuenta además que puede haber mensajes en español en grupos o listas que no pertenezcan a países hispanohablantes, y también (aunque en mucha menor cuantía) puede ocurrir lo contrario: que una lista alojada en España esté en inglés o en catalán.

Otro tema muy distinto es el uso de estos grupos o listas: en primer lugar, la temática, qué porcentaje de ellos se dedican a la pura diversión (humor, sexo), a la charla sin pretensiones, o al intercambio científico o humanístico. En segundo lugar, cuántos participantes tienen (sobre todo las listas: las hay con 900.000 participantes ¾aunque no en español¾ y otras con 150). La máxima lista de las alojadas en Rediris, España, cuenta con unos 2.500 participantes. En tercer lugar, la cantidad de mensajes que se intercambian en un periodo dado (cuál es su actividad). Y por último, pero muy difícil de medir, la calidad de los intercambios.

Falta un trabajo de análisis serio y una cuantificación de todos estos elementos, que permita conocer la realidad, pero por el momento se detectan algunas tendencias preocupantes:

    1. el relativo bajo peso de los colectivos que usan los medios electrónicos de comunicacion, en relación a la población hispanohablante
    2. la escisión de grupos con intereses comunes entre los dos lados del Atlántico; es decir: la aparición dos listas con tema idéntico, o próximo, una en España y otra en Hispanoamérica.
    3. la dificultad de comunicación de calidad entre Hispanoamérica y España: falta una línea directa y capaz que haga posible que el tráfico de la Internet entre las dos zonas hispanohablantes no se vea desviada y retardada a través de otros lugares.

A esto hay que añadir que el simple hecho de la conexión electrónica o la participación en listas no basta para que una comunidad científica sea realmente fértil. Se empieza a percibir lo que podríamos llamar un “efecto drenaje”: investigadores de los países más avanzados extraen vía la red informaciones y datos de los más retrasados, sin reciprocidad. El caso típico es el investigador de un país apartado que recibe petición de datos de un prestigioso centro y, con un sentimiento de inferioridad se apresura a servirlos. Normalmente, las demandas en sentido contrario no suelen surtir efecto.

La comunicación es la base de la actividad científica, y el florecimiento del pensamiento ha venido siempre acompañado de medios activos de intercambio; pensemos en la copiosísima correspondencia (y viajes) de los humanistas europeos, o en el origen de la WWW, como medio de contacto entre grupos de investigación.

Puede parecer evidente: pero hay que repetirlo. Las ventajas de la comunicación electrónica son muy grandes, sobre todo si se piensa en el contacto entre colectivos como los hispanohablantes de uno y otro lado del Atlántico. No sólo resulta mucho más barata que cualquier otro medio (en varios órdenes de magnitud), sino que además la capacidad de integración y reutilización de los materiales no admite comparación con los medios clásicos.

¿Qué servicio pueden prestar las listas de distribución o los grupos de noticias especializados a la comunidad científica e investigadora? Son un medio ágil y flexible de intercambio de experiencias, de petición y obtención de datos, bibliografía… Impiden la repetición de esfuerzos, pueden evitar pasos en falso y contribuyen a ahorrar tiempo a los investigadores. A cambio de ello, tienen algunos elementos dudosos: exigen un cierto altruismo, en la ayuda a un desconocido o incluso hipotético competidor; permiten la existencia de miembros pasivos, simples merodeadores (o lurkers en su expresión inglesa), que no hacen jamás ninguna aportación, aunque aprovechan las ajenas; exigen esfuerzo para cribar la información… (Veáse Ollivier, 1996, para un resumen, tanto más interesante cuanto que es desde una perspectiva minoritaria: la francesa).

Estos sistemas de intercambio de información son uno de los elementos más antiguos de la Internet. ¿No resultan fuera de lugar en este mundo en que los mercaderes van al asalto de la red? ¿No es un anacronismo bienpensante en un mundo de tiburones? Para muchas personas, son la clave de la Internet: su auténtica espina dorsal, el elemento vivo y más fructífero y alerta.

Estamos en un momento histórico en el que viejas formulaciones y palabras huecas pueden empezar a adquirir sentido. En la sociedad interconectada el conjunto de los hispanohablantes puede ser, por fin, una comunidad. No una comunidad ligada por los hilos intangibles de una presunta “Hispanidad”, sino un conjunto de personas e instituciones que utilizan la herramienta más poderosa que tienen en común ¾la lengua¾ y un conjunto de medios aún libres y disponibles ¾la red¾ para avanzar juntos. Una comunidad no ya dividida entre metrópoli y periferia, porque está toda ella en la periferia del poder científico y tecnológico dominante, pero que, precisamente por ello, puede querer librar su propia batalla.

¿Qué es necesario para que la comunidad hispana “tome” la red en su propio provecho? En primer lugar, deberíamos aumentar la posibilidad de acceso a la red en todos los niveles: enseñanza secundaria, universidad… No llenar las aulas de ordenadores inútiles, propagandista e ineficazmente, sino una auténtica formación para el uso de la red. Luego: medios eficaces de conexión entre ambos lados del Atlántico.

Mientras tanto, deberíamos conocer mejor los aspectos cuantitativos y cualitativos del tráfico del español por la red. Los países hispanohablantes también deberíamos crear las herramientas de indexación que ayuden a los usuarios a localizar los contenidos que hay en la red en su propia lengua.

El resumen es muy simple: infraestructuras, educación, conocimiento y herramientas. Todo ello, no para subir a un hipotético cielo tecnológico, sino para construir algo entre nosotros mismos, en el mismo espíritu en el que los eruditos, curiosos y literatos, del siglo XIX forjaban sus comunidades, a golpe de cartas y de revistas. [Publicado en Revista de Occidente, en junio de 1998]

Referencias

Agradecimientos: Las siguientes personas me han aportado datos o han discutido conmigo alguno de los aspectos del artículo: Daniel Capella, Víctor Castelo, José Luis Pardos, Ernesto Rodríguez Ageito, Gustavo Rodríguez, Jesús Sanz de las Heras, Gabriel Sere, Joaquín Soler, José Soriano e Ignasi Terradas.

CataList, http://www.lsoft.com/catalist.html

Centro Virtual Cervantes, Foros: http://cvc.cervantes.es/foros

Dejanews, http://www.dejanews.com/jumpin.shtml

Digital, estudio de, citado en http://www.noticias.com el 28 de enero de 1998

Global Business Centre, http://www.eruomktg.com/globalstats/

Liszt, http://www.liszt.com/

Mcye, http://www.mcye.gov.ar/listas/

Millán, José Antonio (1981), “El Averiguador Universal, quinta época”, en Escandalar (Nueva York), 4.2, abril-junio

Millán, José Antonio (1997), “Internet, una red para el español”, ponencia en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas. En la red como http://jamillan.com/
internet.htm

Ollivier, Marie-Anne (1996), “De l’intérêt des listes de diffusion dans l’Internet”, en Alain Simeray, L’Internet professionel, París, CNRS Editions

RedIris: http://www.rediris.es

Red Científica Peruana: http://ekeko.rcp.net.pe/

Sardar, Ziauddin y Ravetz, Jerome R. (1996), “Introduction” to Cyberfutures. Culture and Politics on the Information Superhighway, Londres, Pluto Press

Scharrenberg, Joost (1997) “4 millones de hispanoparlantes en la red” http://www.mundolatino.org/redhispana/4millon.htm

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