INTERNET COMO HERRAMIENTA SOCIAL Y CULTURAL, SEGUN UNO DE SUS PIONEROS

INTERNET COMO HERRAMIENTA SOCIAL Y CULTURAL, SEGUN UNO DE SUS PIONEROS
De la red de los años sesenta al supermercado virtual

En 1969, Michel Elie participó en la creación de Arpanet, la antecesora de la Internet actual. Hoy recuerda el espíritu libertario de entonces y ofrece una mirada crítica sobre el presente y el futuro posible de la Web


Le Monde. Exclusivo para Clarín
Invierno 1969. En Vietnam, la guerra se eterniza. En los campus estadounidenses avanzan las protestas. Desde la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), cercada por la policía y ocupada por los estudiantes, la afroamericana Angela Davis enseña filosofía y propaga las ideas de los Black Panthers, el movimiento político radical negro inspirado por Malcolm X.

A los 31 años, en setiembre de 1969, Michel Elie aterrizó en la UCLA con una beca de investigación del IRIA (Instituto de investigación en informática y automática). Rápidamente, el francés pasó a integrar el Network Working Group (NWG) del departamento de informática de la universidad. El NWG tuvo a su cargo el proyecto de red interuniversitaria de la ARPA (Agencia de proyectos de investigación avanzada). Financiada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, la red de ARPA (llamada Arpanet a partir de 1972) se convertiría unos años más tarde en Internet.

“Nunca tuve la sensación de participar en un proyecto militar”, precisa Michel Elie. “De lo contrario, ¿cómo podían admitirme sin firmar un compromiso de confidencialidad? ¿Cómo iban a aceptar que hubiera miembros del equipo en situación delicada con el servicio militar en Vietnam?”

Durante más de un año, el francés compartió su oficina con John Postel, creador de la IANA (Internet Assigned Numbers Authority, la sociedad que en ese momento manejaba en exclusividad la atribución de los nombres de dominio) y propulsor de la Red hasta su muerte prematura en 1998. Entre sus compañeros de ruta estuvieron también Vinton Cerf (el padre “mediático” de Internet), Larry Roberts (principal artífice de Arpanet) o Robert Kahn (impulsor del protocolo TCP/IP, que permite conectarse a Internet). “Así como John Postel tenía una personalidad ascética y rigurosa pese a su look más bien hippy, muy de moda entonces en los campus, Vint Cerf estaba siempre de punta en blanco, con un estilo un poco “british”, recuerda Michel Elie.

El NWG, formado por investigadores y estudiantes, trabajaba en forma ininterrumpida. La noche del 29 de octubre de 1969, llegó la recompensa: se establece un enlace entre la computadora de la UCLA y otra del Stanford Research Institute. Al mes siguiente, son cuatro las universidades interconectadas.

En ese momento, si una universidad quería conectarse, debía permitir el acceso a algunos resultados de sus trabajos. Era un toma y daca: uso a cambio de una contribución. Pues la obsesión de los pioneros de Internet era preservar la apertura y la libertad de la Red. Y sobre todo la libertad de palabra. En la red, igual que en el ”68, estaba “prohibido prohibir”.

El NWG formaba un grupo compacto de participantes resueltos, convencidos y a la vez pragmáticos y desinteresados, recuerda Michel Elie. “Eramos conscientes de lo que estaba en juego, de la enormidad del campo de estudios que se abría, pero no nos preocupaban las aplicaciones comerciales. Nadie pensaba en hacer plata.”

Pasados más de treinta años, ¿qué queda de la utopía de los pioneros de Internet? La Web se convirtió en un gigantesco desván. Un supermercado en el que cada uno trata de abrir su puestito y a la vez un ágora virtual donde los movimientos minoritarios (los más progresistas y los más reaccionarios) encuentran un terreno de expresión y un público. Reservada en un primer momento a una elite, Internet conecta actualmente a millones de individuos y refleja la diversidad de opiniones e intereses que allí se intercambian.

“¡Internet para todos!” pasó a ser un slogan político. La Red para todo el mundo, sin duda, pero ¿para qué? “¿Cuál es la prioridad?”, se pregunta Michel Elie. ¿Acceso elitista a una super-Red superpotente o que “todos” los habitantes del mundo puedan expresarse e informarse en su idioma en la World Wide Web? La respuesta no se hace esperar. “La Internet no comercial tiene más de 30 años de experiencia, mientras que la Net-business tiene menos de 10. Por lo tanto es justo que esté representada al nivel de su papel pasado y futuro en todas las instancias de decisión relativas a la Red.” Entonces, ¿qué debería hacerse para revivir el espíritu cooperador y desinteresado de los pioneros de Internet?

“Habría que compartir, intercambiar y cooperar en los procesos de discusión y construcción de todos los ámbitos de conocimiento, algo que en algunos casos ya se está haciendo. Por ahí pasa el desafío de una Internet equitativa, solidaria y no comercial. No comercial no significa que todo sea gratis y que la Red no se corresponda con ningún modelo económico, cosa que resulta absurda, sino que, por un lado, se la considere un servicio público y que, por otra parte, el criterio principal de las decisiones relativas a Internet no sea ganar el máximo de dinero sino transformarla en una herramienta de plusvalías sociales y culturales“, precisa Michel Elie.

Lo cierto es que el espíritu “libertario” de las primeras horas ha quedado ampliamente diluido en el criterio “empresario”. Y que las recientes fusiones de AOL-Time Warner y Vivendi-Universal, por un lado, y las voluntades de regulación estatales, por el otro, anuncian una concentración de una Red que parecía, esencialmente, incontrolable. “Más allá de las especulaciones en cuanto al valor económico de Internet, que fluctúa al ritmo de los sueños o los miedos de los inversores, se acumula regularmente un capital de contenidos y usos que corresponde a un valor social y societario que algún día será necesario considerar como la verdadera apuesta de Internet”, afirma Michel Elie, ya jubilado. Hace ya tiempo abandonó los bancos de la universidad de California y actualmente continúa su lucha en Montpellier, al frente del Observatorio de usos de Internet.

TRADUCCION DE CRISTINA SARDOY.STEPHANE MANDARD.

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